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Historia

Las primeras noticias de la Hermandad se remontan al año 1538, cuando aparece el hospital de San Bartolomé como contribuyente en las listas del subsidio o impuesto eclesiástico a favor de la Corona Española.

Su regla fundacional es del 16 agosto 1568, creada para dar oficialidad a la hermandad del título de este apóstol que administraba dicho centro piadoso.

Posteriormente, el 31 mayo 1586, se constituyó la hermandad de la Santa Cruz de Jerusalén mediante regla datada en este día, cuyo cuerpo normativo sigue a la de Sevilla de igual advocación, redactada por Mateo Alemán, siendo uno de los primeros ejemplos en la provincia de este singular movimiento penitencial. Sus hermanos penitentes destacaban por no hacer disciplinas como el resto de cofradías, que eran de sangre, sino más bien de imitar a Jesús Nazareno portando la mayor parte de sus hermanos, cruces, aunque otros llevaban cera alrededor de las imágenes. Es por ello que era conocida como “la cofradía de los nazarenos” o de “las cruces”. Ambas corporaciones se fusionaron el 2 de julio de aquel mismo año.

Poco después, 20 marzo 1597, la corporación adquirió a Marcos de Cabrera la venerada imagen del Señor, bella y delicada representación de Jesús Nazareno, verdadero epicentro de devoción popular de la iconografía cristífera desde entonces en Utrera.

Esta archicofradía, aunque oficialmente nunca ha usado este título, ha sufrido numerosas vicisitudes, pudiéndose dividir su historia en dos grandes etapas.

La primera abarca desde sus comienzos hasta la Guerra de la Independencia (1808), en la que los miembros del antiguo régimen, compuesto en nuestro caso por caballeros de rancio abolengo y algunos del clero, se fueron haciendo dueños de la situación sustituyendo a la gente del pueblo llano, conformando una cofradía que pasó del estilo renacentista al barroco de acuerdo con los tiempos que iba atravesando.

Hechos destacables de esta época fueron la agregación de hermandades procedentes de otros centros, como la de Ntra. Sra. de la Concepción y Santa Bárbara (16-3-1589), del hospital de la misma advocación de la calle Ancha y la de Ntra. Sra. de la Encarnación (principios del s.XVII), también de otro centro de la misma calle con igual nombre.
Así mismo, se construyó con limosnas del pueblo la actual capilla de San Bartolomé (finales del s.XVII) y sus retablos (el mayor, comenzó en 1702),
En nuestra capilla, fue fundada la hermandad de la Divina Pastora de las Almas por fray Isidoro de Sevilla (la segunda del mundo, en 1707), cuya imagen titular se encuentra hoy en la Parroquia de Santa María.
También, de esta época, son algunos enseres que se conservan en nuestros días: cruz de carey, plata y nácar(adquirida por la hermandad a finales del s.XVII), potencias y corona de plata para el Señor (1793) y túnica bordada (regalo del Hermano Mayor D. Diego Aragón y Garay en 1795).

En estos últimos tiempos del antiguo régimen, 1793, sufrió una gran restauración la venerada imagen de Jesús Nazareno, de tal forma que–como explica el doctor Federico García de la Concha en el libro del IV Centenario de 1997, probablemente fuese modificada su iconografía, cambiándole la posición de la cruz (la parte más larga hacia detrás), nuevos ojos de cristal, cabellera modelada en estuco, etc. Estos grandes cambios en la Imagen, hizo variar su fisonomía manierista por otra barroca acorde con las tendencias de aquellos momentos.

La segunda época, vino como consecuencia de los cambios que sufrió la sociedad a partir del s.XIX. Así, tras la invasión francesa y con las nuevas corrientes laicistas, la religión decayó muchísimo, desapareciendo muchas hermandades, conventos, hospitales que daban albergue a enfermos, menesterosos, indigentes, etc.
La hermandad por estos años no se reunía. Durante el Trienio Liberal de Riego, 1820-1823, no se celebró la Semana Santa, Pero a partir de 1825, volvió a resurgir la corporación debido a la devoción que irradiaba el sublime Nazareno en la entonces villa.

Los apellidos aristocráticos, en su mayor parte, dieron paso a los del pueblo sencillo y la cofradía barroca, austera y de compostura en sus formas, fue transformándose paulatinamente en cofradía más de estilo romántico, aunque siempre con reminiscencias barrocas muy del gusto andaluz y que aún hoy imperan.

Los tiempos adversos, no fueron capaces de acabar con el magnetismo de la devota imagen. Y así, con enorme esfuerzo, sus cofrades fueron saliendo de todas las crisis hasta nuestros días.

Por ello, sus hermanos se vieron en la necesidad de ir reformando sus primitivas constituciones del s.XVI, conociéndose varias reglas más, tales como las de los años 1808,1865, 1890 y 1987.

Podemos destacar en este segundo periodo de doscientos años, cambios sustanciales de la Cofradía en cuanto a sus formas y puesta en escena: música tras los pasos (s.XIX), incorporación de Simón Cirineo en 1881, el uso de la capa en el hábito nazareno (1911), la no entrada en la Parroquia Mayor (a principios del s.XX, por el agrandamiento de las dimensiones de los pasos), la contratación de costaleros profesionales debajo de los pasos en sustitución de los hermanos que portaban las antiguas parihuelas con horquillas, la muy posible incorporación de la imagen de la Soledad de Utrera del convento de El Carmen como titular de la hermandad (hoy conocida como Ntra. Sra. de las Angustias y antes de los Dolores), la adquisición del Sagrado Misterio de la Oración en el Huerto (año 1917, atribuido al valenciano Pío Mollar Franch), la participación nuevamente de hermanos costaleros desde 1977,siendo la primera cuadrilla de Utrera en esta nueva etapa, etc.

De estos años, sobresale por su importancia, la adquisición de cañones o nichos en el cementerio público, inaugurado en 1844, para sus hermanos difuntos, que hizo incrementar la nómina de hermanos, dio estabilidad a la Hermandad, pudiendo continuar con estas prácticas de caridad cristiana que siempre ha tenido la corporación. A su vez, fue creado una cuerpo de romanos, los famosos “armaos” en 1882, que celebraba la ceremonia del “encuentro” o “agachaitas” en la Vereda entre el Señor y su Madre, costumbre perdida en los inicios del s.XX.

En este primer tercio de la veinte centuria, la pequeña burguesía utrerana participó en la vida de la hermandad activamente, haciéndola florecer en su aspecto social y religioso. Durante esta época, sólo existían dos Hermandades y Cofradías de penitencia en Utrera: Vera Cruz y Santo Entierro y Nuestro Padre Jesús Nazareno. Ambas, firmaron un acuerdo de colaboración para realizar diferentes actividades, sobre todo espectáculos taurinos, destinando los beneficios a la adquisición y mejora de su patrimonio. Gracias a este acuerdo, llegaron a nuestra Hermandad enseres tales como: manto, palio y sayas para la Santísima Virgen, Misterio de la Sgda. Oración en el Huerto, paso para Ntro. Padre Jesús (el actual de la Oración en el Huerto), simpecado, senatus, etc.

Tras el decaimiento producido por la guerra civil de 1936, se volvió a consolidar la hermandad como una de las más principales del lugar (como ya destacaba Rodrigo Caro en su Memorial de Utrera de 1604). Circunstancia ésta repetida a lo largo de los tiempos, adquiriendo un notable cuerpo de hermanos e incrementándose el arraigo popular del Señor, con la visita a su capilla en la tarde de todos los viernes del año, constituyéndose en la segunda devoción de la ciudad, tras la de la patrona Ntra. Sra. de Consolación.

Devoción reforzada con la celebración del viejo rito ancestral del encuentro de Utrera y su Nazareno, en la mañana del Viernes Santo, que recorre sus calles majestuosamente, acompañado de cientos de personas y constituyendo uno de los puntos álgidos y solemnes de nuestra Semana Santa desde hace más de cuatro centurias.

Por todo ello, en la segunda mitad del s.XX e inicios del siglo siguiente, se hizo necesaria la construcción del camarín-sacristía del Señor y de la nueva casa aledaña de la hermandad con distintas dependencias, se potenciaron los cultos, se dotó a la hermandad de una mejor organización administrativa con equipos informáticos y página web, se creó la bolsa de caridad, se implantó la realización de un ciclo de formación (“Otoño Cofrade”), se adquirieron nuevos y mejores enseres: dos coronas de plata sobredorada de salida para la Stma. Virgen, otra de plata para el altar, dos juegos de potencias de salida (una de plata y otra de oro) para el Señor, renovación del paso de palio de la Stma. Virgen, nuevo paso del Señor, cruz procesional de plata, nuevo estandarte, guion de San Bartolomé, del IV Centenario, enseres de cuerpos de acólitos (ciriales, dalmáticas, incensarios, etc.), sayas bordadas en oro de la Stma. Virgen, senatus, etc.

Lógicamente, en estos años, ha habido que acometer una serie de restauraciones como la del Señor, la Stma. Virgen y la Sgda Oración en el Huerto, la túnica bordada en oro del Señor, el manto procesional y saya bordados en oro de Ntra. Sra. de las Angustias, el tejado, la solería y la fachada de la capilla, el retablo mayor, el paso del señor de la Oración, la restauración y mejora del almacén de la casa hermandad, etc.

En 1996, S.M. El Rey concedió el título de "REAL" con su correspondiente credencial a la hermandad oficialmente, tras la demostración, con el oportuno expediente, del uso del citado título por la corporación desde 1960, ya que el año anterior S.A.R. D. Juan de Borbón, Conde Barcelona, había aceptado el cargo de hermano mayor honorario.

Y es que la hermandad, dentro de su pueblo, constituye el más nítido paradigma de continuidad y constancia en torno a la imagen del Señor a lo largo de los siglos. Siendo su titular Nazareno, compendio de devoción, historia y arte, virtudes reconocidas oficialmente de manera pública en la tarde del sábado, 18-10-1997, en la plazuela de Gibaxa, cuando el Sr. alcalde D. José Dorado Alé, en nombre del Excmo. Ayuntamiento y del pueblo de Utrera, le impuso la medalla de oro de la ciudad a tan bendita imagen, tras el Pontifical celebrado por el Arzobispo Carlos Amigo Vallejo, en la procesión extraordinaria con motivo del IV centenario de la llegada del Señor a Utrera, distinción anteriormente concedida únicamente en este apartado iconográfico a Ntra. Sra. de Consolación.

Años después, 2005, con motivo de la restauración del retablo mayor y de la trayectoria de la hermandad a lo largo de su historia, le fue concedida a ésta el Mostachón de Oro de Utrera, de manera que posee las dos distinciones honoríficas más importantes de la ciudad.

Por último, en estos albores del s.XXI, la hermandad prosigue su caminar llena de ilusión, con sus cofrades dedicados a ella, y con proyectos tan relevantes como el nuevo palio de Ntra. Sra. De las Angustias, la segunda fase de la restauración del Señor de la Oración, o el adecentamiento de la casa vieja anexa a la capilla para un mejor aprovechamiento de los espacios existentes. Todo ello, en tiempos aparentemente adversos por el materialismo y la falta de religiosidad imperante.

Pese a ello, la Hermandad continúa por la senda trazada, conocedora y orgullosa de su pasado, centrada en su presente y abierta hacia su futuro, siendo consciente de la importancia del legado devocional, histórico, patrimonial, artístico, tradicional y humano que atesora, con la responsabilidad de la conservación del mismo para saber trasmitirlo, como con nosotros  hicieron nuestros mayores, a las generaciones venideras.

Aplaca, Señor, tu ira.
Tu justicia y tu rigor.
Dulce Jesús de mi vida,
misericordia, Señor.